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CON EL SIGNO DE LA VIOLENCIA URBANA

El 64 por ciento de los delitos que se cometen en la Argentina son violentos. El hurto de objetos personales y el robo en viviendas se ubican con el 10 y el 7 por ciento, respectivamente.

En el 27 por ciento de los hogares al menos uno de sus integrantes ha sido víctima de un hecho delictivo en los últimos seis meses, según señala un informe de la Universidad Torcuato Di Tella

La mayor cantidad de hechos ocurre en distritos urbanos de hasta 500 mil habitantes.

EL APORTE DE LA SEGURIDAD PRIVADA

En un contexto deficitario por parte de las fuerzas de seguridad estatales para garantizar las condiciones de seguridad fuera del espacio público, la demanda de guardias privados cobra un valor diferencial, además de necesario. Tanto más en las actuales circunstancias de excepcionalidad, con medidas de restricción establecidas a consecuencia de la pandemia del Covid-19.

Baste con observar lo que acontece en edificios, residencias particulares, countries, barrios cerrados, empresas e instituciones para comprender la dimensión de esa necesidad, en objetivos adonde sería prácticamente imposible brindar cobertura oficial, en la medida en que la infraestructura no alcanza.

Por eso mismo, la decisión de contratar servicios de vigilancia y control es siempre una inversión. Lo es sobre todo teniendo en cuenta del incesante aumento de delitos y la exacerbación de los riesgos.

Las tareas de control y, mejor aún, las de prevención que llevan adelante los vigiladores privados están orientadas precisamente a lograr la mayor reducción posible de contingencias que pudieran comprometer la seguridad de personas y de bienes.

PROTECCIÓN FRENTE A LOS RIESGOS

Toda modalidad de vigilancia que se precie tiene sentido en la medida en que sea preventiva. Vigilar es, de hecho, proteger a personas y custodiar bienes, de modo de reducir al máximo posible las situaciones de riesgo, que, como se sabe, se han exacerbado en nuestra sociedad.

Esa situación propia de las ciudades contemporáneas, con elevadas tasas de criminalidad, se reflejan, por cierto, en la creciente demanda de protección para evitar distinto tipo de delitos, como, por caso, hurtos, robos y atentados contra las personas, entre otros.

Ese atributo que ostentan los vigiladores efectivos resulta vital en todo objetivo, cualquiera sea su naturaleza: en edificios, residencias particulares, conjuntos inmobiliarios (countries y barrios cerrados), empresas e instituciones públicas tanto como privadas.

Si el incremento de los riesgos se ha tornado cada vez más preocupante, tanto más imprescindible ha de ser la necesidad de preservar bienes y personas. Tanto más apremiante también el requerimiento de tranquilidad.