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LA VIDEOVIGILANCIA, UN RECURSO INSUFICIENTE

Para no variar, los principales análisis en materia de seguridad se realizan sobre los hechos consumados, de donde, faltaba más, se derivan entonces recomendaciones sobre métodos de prevención. Los riesgos podrían reducirse en tiempo y forma, para protección de personas y bienes, si las observaciones se anticiparan a las probabilidades del accionar de la delincuencia.

En ese orden, desde ámbitos oficiales se insiste en el consejo básico, si bien necesario, de impedir el ingreso de desconocidos a los complejos, cerrar las puertas de manera adecuada y ser solidarios entre vecinos para dar aviso sobre movimientos extraños o prestar ayuda. El consejo oficial resulta un tanto obvio, aunque conviene remarcarlo.

Voceros de consorcios, referentes policiales y de la Justicia, coinciden en reivindicar indirectamente el rol fundamental de la vigilancia privada física, sin perjuicio de los dispositivos tecnológicos de control. “Las cámaras de seguridad y los llaveros de acceso electrónico en las puertas ya no alcanzan”, confiesan.

Como lo demuestra la reiteración de robos perpetrados con inconcebible facilidad en edificios, ladrones de distinto rango logran acceder sin mayores inconvenientes, pese a la existencia de estos mecanismos, complementarios de la efectiva presencia de vigiladores que operan como vigías en el control y la prevención.

“Las cámaras son elementos de videovigilancia que, como disuasión, lamentablemente ya no sirven demasiado. Aunque, si graban, pueden ser útiles para la investigación”, admite Sebastián Viqueira, vicepresidente de la Cámara de la Propiedad Horizontal de Córdoba (CAPH). La contratación de guardias de seguridad -acepta- es una salida para tener en cuenta, aun cuando esa mejora en la calidad de vida consorcial implique por cierto un incremento de las expensas.

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A MAYOR INSEGURIDAD, MÁS VIGILADORES PRIVADOS

Las estadísticas sobre inseguridad oficialmente registrada confirman la creciente necesidad de vigilancia privada en complemento de las tareas que llevan adelante las fuerzas policiales, particularmente en orden al control y prevención de delitos que pudieran afectar a personas y bienes en objetivos que esos efectivos no alcanzan a cubrir.
 
Según datos nacionales, Córdoba figura entre las cuatro jurisdicciones con el peor registro de inseguridad. El mapa argentino del delito ubica a nuestra provincia en dos extremos: entre las más inseguras del país y, al mismo tiempo, con una de las tasas más bajas de homicidios. Un informe del Ministerio de Seguridad de la Nación muestra las cifras de una realidad harto preocupante: asesinatos, robos y violaciones.
 
Se trata de un monitoreo constante que abarca a todo el territorio nacional con el objetivo de tener un punto de partida al momento de debatir sobre inseguridad, violencia y políticas públicas. Así, se advierte que la tasa de robos en Córdoba es la cuarta peor de todo el país (1.865 casos cada 100 mil habitantes), sólo por debajo de Mendoza (2.467), Neuquén (2.402) y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2.374).
 
Desde el Gobierno cordobés señalaron que esto se debe a que otras provincias tendrían un subregistro de casos denunciados.
 
En contrapartida, al comparar las tasas provinciales de homicidios, Córdoba aparece en el extremo opuesto de la tabla: la séptima provincia con menor registro.
 
Santa Fe, Chubut y Mendoza son las jurisdicciones con más asesinatos, en tasas.
 
Por ello conviene aclarar que si bien hubo más crímenes, por ejemplo, en Buenos Aires que en Chubut, en lo que respecta a los números absolutos, al comparar las tasas surge que la segunda provincia tiene un indicador peor.
 
En tanto, Corrientes, Tierra del Fuego y Catamarca aparecen como las menos violentas, aunque el informe subraya que los datos de Corrientes no parecen fiables. El documento sintetiza los datos del Sistema Nacional de Información Criminal (Snic), realizado por la Dirección Nacional de Información Operacional y Mapa del Delito, a partir de las estadísticas entregadas por los organismos competentes de cada provincia y por las fuerzas federales, que están obligadas a cumplir a partir de la ley 22.117.
 
No obstante, en el informe se señala que aún no todas las provincias tienen similares mecanismos para registrar los delitos, por lo que todavía surgen diferencias y dudas con respecto a la utilidad de las comparaciones.
 
“Dichos problemas no deben llevar a descartar los sistemas de información delictiva y sus resultados, sino que deben suscitar cautela a la hora de analizar los datos”, se indicó desde el Ministerio de Seguridad de la Nación.

LA FALTA DE VIGILANCIA PRIVADA CUESTA CARO

La falta de conciencia sobre la necesidad de contratar servicios de vigilancia privada para control y prevención resulta considerablemente más costosa cuando, sobre los hechos consumados, se evalúan los daños provocados. Es lo que acontece en tanto edificio de la ciudad de Córdoba, adonde, al fin de cuentas, la calidad de vida consorcial incluye ese factor, que debería ser puesto en valor toda vez que se analizan los costos de las expensas.

No sólo las celebraciones de fin de año constituyen una de las oportunidades más propicias para los delincuentes, que no se toman vacaciones. La secuencia de robos perpetrados en numerosas unidades habitacionales a lo largo del año y que se exacerba durante el periodo estival, en que numerosos moradores viajan, forman parte ya de una costumbre que, por si no bastara, se lleva a cabo con total tranquilidad y, por lo tanto, impunemente.

Esa posibilidad es tanto más viable en los consorcios adonde los malhechores tienen libre el camino para su accionar delictivo, en la medida en que no disponen de vigiladores privados que aseguren la custodia de ese objetivo para protección de los departamentos.

La relación causa-efecto es evidente: sin vigilancia, el delito es más fácil.

Con distintas modalidades, todas efectivas y que podrían haberse evitado mediante guardias diurnas y nocturnas, los ladrones hacen de las suyas sin que nadie se los impida o al menos advierta su presencia para disuadirlos.

Lo que prevalece como método para ingresar a las unidades es la brutal rotura de las puertas de los inmuebles. Lo que sigue es el literal saqueo de los departamentos, no sin violentarlos en su interior.

Por caso, un damnificado indicó que la puerta de su departamento en pleno centro de esta ciudad fue “serruchada y reventada”, y describió el hecho “como si hubiera caído una bomba”.

Lamentables, los resultados están a la vista…